Crítica: La vida de Calabacín

Cinépolis Distribución, 2017

La psicología, ha denominado a “la capacidad para afrontar con éxito la adversidad, el trauma, la tragedia, las amenazas o incluso fuentes importantes de estrés”, como resiliencia (American Psychological Association).

Se trata de una habilidad que cada persona puede adquirir y, que en los últimos años, se trata de fomentar con mayor énfasis entre los niños y adolescentes con la finalidad de que sean capaces de afrontar los problemas diferentes retos que aparecerán a lo largo de su vida.

En La vida de Calabacín, primer largometraje del director suizo Claude Barras, la resiliencia de sus personajes es puesta a prueba y sirve para presentarnos una muy agridulce reflexión sobre la familia, tanto aquella en la que nos ha tocado nacer como la que elegimos formar fuera de nuestros consanguíneos.

La historia se centra en Ícaro, un pequeño de nueve años que prefiere que las personas se dirijan a él como Calabacín. Este niño vive con su mamá, una mujer alcohólica que apenas y le hace caso. Un accidente provoca la muerte de la madre y Calabacín es enviado a vivir a un orfanato, donde conoce a otros pequeños que como él, llevan a cuestas trágicas historias familiares.

Así tenemos por ejemplo, a Ahmed, el hijo de un hombre que fue encarcelado por robo o a Camille, una pequeña que fue testigo de la violenta muerte de sus padres.

Cada uno de estos niños, siete en total, conocen el suceso por el que están en ese orfanato, pero en realidad poco entienden de las razones por las que ocurrió su respectiva desgracia. En serio que rompe el corazón.

Pero la narración en ningún momento es condescendiente con la tragedia de este grupo de niños, mucho menos trata mal a los adultos. De hecho ofrece un poco de luz entre tanta oscuridad y poco a poco, Calabacín, junto a sus nuevos compañeros, crea un lazo que le permite mantener la esperanza de que todo pueda mejorar.

Una de las grandes maravillas es que está película apenas sobre pasa la hora de duración. Cuenta lo que debe contar y no extiende su narración con momentos de relleno, una lección que muchas películas debieran aprender.

Habrá que decir que, en México, La vida de Calabacín recibió la clasificación B, es decir no es para niños. De hecho es una pequeña joya de la animación reservada para los adultos.

Cinépolis Distribución, 2017

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Ficha Técnica 

Titulo original: Ma vie de courgette/ País: Francia-Suiza/ Año: 2016/ Director: Claude Barras/ Voces: Gaspard Schlatter, Sixtine Murat, Paulin Jaccoud, Michel Vuillermoz/ Guion: Céline Sciamma, Gilles Paris/ Música: Sophie Hunger/ Fotografía: David Toutevoix/ Duración: 66 minutos

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