Crítica: El silencio de los Inocentes

Orion Pictures Corporation, 1991

Orion Pictures Corporation, 1991

Mi primer encuentro con el Silencio de los Inocentes ocurrió a los 8 o 10 años y aunque mi madre advertía que la película me provocaría “miedo”, mi padre hizo oídos sordos. Algo que hasta fecha agradezco.

No obstante, habría que admitir que los temores de mi madre tenían sus razones de ser. Y es que la cinta dirigida por Jonathan Demme (y basada en la novela homónima de Thomas Harris), se presenta como un ejemplo claro de ese fenómeno casi propio de la cultura norteamericana: el de los asesinos seriales.

La historia narra cómo la cadete del FBI, Clarice Starling (Jodie Foster) es asignada para ayudar en la captura del criminal conocido como “Buffalo Bill” (Ted Levine). Para ello, debo aceptar la asesoría de otro asesino, el psiquiatra Hannibal Lecter (Anthony Hopkins).

Sin embargo, lejos de sólo dedicarse a exponer la violencia, el verdadero leitmotiv en El silencio de los Inocentes es la transformación.

Vaya, no es casualidad que la metáfora elegida para representar este concepto sean las diversas mariposas que aparecen a lo largo del metraje: las utilizadas por el asesino, en el teatral montaje del doctor Lecter en la cárcel o los adornos de ciertos lugares que visita Clarice (y que resultan clave en la narración).

Tanto en el método como en la motivación del asesino está presente la transformación (un hombre  que se confecciona una nueva piel).

Pero “Buffalo Bill” no es el único que manufactura algo. Jonathan Demme hilvana de manera cuidadosa cada una de las secuencias. Atrae nuestra atención a los detalles, a los diálogos. Nos pide que seamos atentos.

Orion Pictures Corporation, 1991

Orion Pictures Corporation, 1991

La unión de las escenas tiene un propósito y un fin. Plantea y da respuesta a una interrogante: Clarice lleva a examinar una larva encontrada en una víctima. El especialista explica que el ejemplar debió ser cuidado meticulosamente. Siguiente escena, vemos las jaulas y el instrumental para su cuidado. La hipótesis queda confirmada. (Acá un gran texto publicado por Letras Libres que ahonda en el tema)

Esa dinámica, pronto se convierte en un juego que nos acostumbra a sus reglas y para cuando el clímax ha llegado, la sorpresa nos golpea en la cara. Hemos caído en la trampa, y de muy buena gana.

Pero la transformación sucede en varios niveles, siendo Clarice quien más los refleje en su intento por dejar atrás su pasado y así convertirse en una verdadera figura de autoridad (que mejor representación de poder que un agente del FBI), en un mundo donde los hombres continuamente la observan y minimizan.

Si bien es cierto en la novela, Thomas Harris se toma su tiempo para trabajar en la psicología de los protagonistas, Demme utiliza el tiempo que dispone para profundizar sin perder agilidad en el relato.

Orion Pictures Corporation, 1991

Orion Pictures Corporation, 1991

Atestiguamos como Hannibal Lecter toma, por mero entretenimiento, a la joven Clarice como conejillo de indias. En ella, el doctor encuentra a una mujer dañada por su pasado, pero lo suficientemente interesante como para liberarla de aquello que la atormenta.

El potencial que Lecter percibe en ella despierta genuino interés, incluso simpatía. Por el contrario, Clarice le respeta, pero le teme, hasta le repugna.

Toda esta relación se teje cuidadosamente en un juego de poder, en donde quien tiene las de ganar es aquel detrás de las rejas.  Para ello, Demme se vale de encuadres cerrados que nos obligan a mantenernos atentos a las miradas de sus personajes, mismas que después de dos décadas siguen perturbando.

El Silencio de los Inocentes exige atención y sabe recompensar. “Todo llega al que sabe esperar” le dice Lecter a Clarice, pero este consejo pareciera extenderse al espectador.

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Ficha Técnica 

Titulo original: The silence of the lambs/País: Estados Unidos/Año: 1991/Director: Jonathan Demme/Elenco: Jodie Foster, Anthony Hopkins, Scott Glenn, Anthony Heald, Ted Levine/Guion: Ted Tally (basado en la novela de Thomas Harris)/Música: Howard Shore/Fotografía: Tak Fujimoto/Duración: 118 minutos

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